Se caracterizan por movimientos o sonidos repetitivos e involuntarios.
Los trastornos de tics se manifiestan en movimientos o vocalizaciones rápidas, repetitivas e involuntarias. En el caso del Síndrome de Tourette, los tics son más complejos y persistentes, pudiendo incluir sonidos, palabras o combinaciones de movimientos. Estas conductas pueden variar en intensidad y frecuencia a lo largo del tiempo y suelen intensificarse en situaciones de estrés. Aunque no comprometen la inteligencia, sí pueden afectar la autoestima y la interacción social debido a la incomprensión o estigmatización. Los programas educativos y terapéuticos que promuevan la tolerancia, el acompañamiento emocional y técnicas de manejo del estrés son fundamentales para que los niños y adolescentes con tics desarrollen confianza y seguridad en sí mismos.